Transformar el vínculo, antes de nacer

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    El presente artículo, tiene por finalidad el análisis de un caso concreto y  la aplicación de una técnica de sesiones muy novedosa, creada por María Munné Tomàs, dentro de la Escuela Transformativa.   He elegido un caso de Filiación, interpuesto por un jóven de 25 años, que reclama el reconocimiento como hijo  de un señor de 55 años de edad, ambos han residido en ciudades diferentes y nunca han tenido contacto entre si, hasta el momento de la primera audiencia fijada por el Mediador.  Independientemente del modo en que llegue el caso a mediación (derivación judicial, mediación pre judicial obligatoria o privada, ya que ésto depende exclusivamente de la normativa que rija) puede suceder que el reclamo en si mismo se plantee en términos económicos, ya sea por daño moral (por la falta de reconocimiento voluntario del padre) o por la vocación hereditaria que el status de «hijo» concede; Esta circunstancia, puede llevar al mediador a evaluar en principio «las posiciones» e «intereses» de ambas partes, tal como describe la Escuela de Harvard, más ello no debería ser impedimento para poder «visualizar» que el verdadero trabajo del proceso deberá centrase en el análisis de la visión de cada parte sobre el conflicto, el empoderamiento de cada mediado, lograr el reconocimiento del otro y en transformar la relación.  Si bien en teoría la escuela transformativa no le da importancia al acuerdo, ello no significa que no lo tenga para las partes, e incluso para el mismo mediador, mas, en el  tipo de caso, el acuerdo puede ser una derivación lógica en la evolución del proceso o totalmente innecesario.

    Teniendo en cuenta que hemos «decidido» trabajar con la Escuela Transformativa, una vez analizada la información con la que contamos a priori, resulta indispensable planificar las distintas sesiones con objetivos claros de análisis, legitimación, empoderamiento, reconocimiento y transformación.  La novedosa tecnica creada por María Muné nos plantea comenzar con una sesión conjunta, en donde el mediador explica el procedimiento, genera confianza con las partes, les da unos 15 minutos a cada uno para dar su explicación del problema, parafrasea cada narrativa, luego hace un diagnostico de la situación, explica sobre las dificultades y los cita para una nueva sesión.  Aquí, es posible que ninguno de los interesados hable demasiado, que les cueste expresarse ante «un desconocido» muy especial, con el que los une la sangre y los separa la historia, que no se miren, que haya tensión y ansiedad en el lenguaje corporal de ambos.  Esta lectura debe hacerla el mediador y ponerla en palabras en su devolución, desde lo que percibe, ya que su intervención, es para la escuela la «tercer visión» del caso.

    La proxima sesión se comienza generando nuevamente el espacio de confianza de las partes con el mediador y de ellos con el proceso, explicando pormenorizadamente lo que va a suceder en los proximos minutos.  Aquí se plantea una práctica difícil (lo que se indica) en la que se realizará una sesión privada conjunta (sesión especial);  Esta se lleva adelante por un lapso de tiempo de unos 20 minutos aproximadamente, en la que una parte se sienta delante del mediador y la otra persona queda detrás, en absoluto silencio, escuchando las respuestas de quien esta en «privada».  Esta técnica está dedicada «casi» exclusivamente el empoderamiento de las personas frente al conflicto y las preguntas que el mediador debe realizar se circunscriben a la historia de la familia y el  conflicto, los pactos anteriores (si los hubo), se pregunta por como vive la situación actual y los temas que quiere pactar (agenda), así como también el aspecto innegociable  y su  alternativa (MAAN en Escuela de Harvard).  La escuha de éste relato es muy fuerte para ambas partes,  y en el caso elegido (reconocimiento de hijo) ninguna de las partes tiene conocimiento real de la visión de la situación  del otro, menos aún de la historia familiar y de los sentimientos,  por lo que es probabale que ambos relatos generen en forma inmediata emociones nuevas y pongan luz, en la perspectiva del otro, logrando empatía y comenzando a «transformar» positivamente éste nuevo vínculo. Una vez que el mediador haya realizado ambas sesiones privadas conjuntas debe hacer una devolución a las partes, valorando el esfuerzo y positivizando lo sucedido.  A quí también es posible y -según el caso- «recomendable» encargar una tarea simple a las partes hasta la proxima cita, algo que puedan hacer y que por supuesto tenga un objetivo para el proceso, así por ejemplo, en el caso de análisis, si tanto el hijo como el padre manifestaron en algún momento que hubieran querido tener un contacto «mas informal» con el otro, podemos decir que «la tarea» sea tomar un cafe juntos, antes de la proxima cita.  Hay que tener en cuenta que deber ser algo posible para las partes, aún cuando implique un desafío, pero de ninguna manera será útil encargar la realización de un acto que alguna de las partes no esté dispuesta, incluso puede ello poner en el riesgo el proceso.   En la proxima sesión (tercera) si se ha logrado el empoderamiento de ambos y  se perciben signos de reconocimiento, podemos trabajar en privadas con preguntas en tal sentido (reconocimiento), como por ejemplo: 1)¿Que necesita usted que haga la otra parte para solucionar este conflicto?, 2) describa que ha cambiado en usted, luego de haber escuchado a la otra parte en mediación., 3) ¿que aspectos, aunque sean dolorosos para la otra parte, es necesario poder comunicar para llegar a entendimiento?, 4) como cree que se puede comunicar con la otra parte para mejorar la situación?.

    En el caso de que no se haya logrado el reconocimiento, que ambas o alguna de las partes siga sin poder reconocer al otro o su situación, será necesario trabajar en privadas con técnicas espejo.  Asi por ejemplo, en el caso de análisis y suponiendo que es el hijo quien tiene dificultades para comprender la situación descripta por su padre, en relación a que tiene una familia que desconoce su presencia, que el mismo nunca supo ni sospecho su nacimiento, la técnica supone en principio una explicación a quien va a realizarla, luego poner el nombre de la parte que la hace en dos papeles y el nombre de la otra (su padre, en éste caso) en otros dos, y en un quinto papel, la palabra mediador.  Ofreciendole que tenga en la mano el primer papel que dice su nombre, le pedimos que describa su situación actual y los sentimientos que le provoca el conflicto, una vez hecha, le damos el papel con el nombre de la otra parte y le pedimos que haga lo mismo si fuera el otro, es decir que describa su situación y los sentimientos que le genera este problema tratando de «sentir» como el otro, que en el caso, es su padre.  Esta técnica se realiza sin presiones, por lo que si el mediado nos dice que no puede o no esta dispuesto, deberemos elegir otra técnica para lograr el «reconocimiento», pero jamás obligarlo.   Volviendo a la técnica, si funciona en la primera oportunidad y la parte hace el esfuerzo de «sentir» como el otro, le damos nuevamente el papel que tiene su nombre y le pedimos que describa su situación desde la razón, y así, ofreciéndole el papel con el nombre de su padre (en el caso de análisis) que describa su situación desde el mismo ángulo.  El esfuerzo que supone hablar del conflicto desde la razonabilidad y no desde la emocionalidad, suele ser una gran paso en la tarea de lograr objetivos, del mismo modo que plantea un desafío para el mediador en relación a los «silencios» que se tornan de máximo respeto.  Finalmente, se entrega a la parte el papel que dice: Mediador y se le pide que exprese como cree que los percibe el mismo, que les diría a éstas personas en el rol de tal y que les propondría para seguir con la mediación.  Si la técnica fue exitosa, en esta parte final suele ser muy marcada la diferencia con el inicio, ya que la gente, cuando comienza a reconocer al otro como legítimo y/o como parte de la solución, comienza a poder enfocar la mirada en el futuro, positivizar la situación  e incluso proponer alternativas nuevas.     A estas instancias, habiendo analizado el conflicto, apoderado a las partes, habiendo reconocimiento mutuo y con una relación transformada desde el inicio, estaremos en condiciones de trabajar conjuntamente la agenda.-

    Mi opinión personal, es que la Técnica creada por María Munné Tomàs, dentro de la Escuela Transformativa y que a continuación se describe con sus propias gráficas, resultan de inestimable valor en situaciones familiares complejas, donde es necesario cambiar la dinámica y trabajar el empoderamiento de cada mediado.  La tarea descripta requiere tiempo, además de técnica, ya que transformar vínculos suele ser bastante mas dificil que lograr un acuerdo y en ésto, pienso que radica la novedad de la Escuela y el principal cambio del mediador, que no focaliza en el mismo como objetivo, sino como una consencuencia de la transformación.

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